ANTECEDENTES 3
Texto
3:
Entre
las distintas perspectivas posibles en relación con el alumnado más
vulnerable, se podrían haber
elegido varias. La del género, toda vez que las niñas, en muchos
países, están más expuestas que
los varones a las dinámicas de discriminación y exclusión. También
podría ser la de aquellos alumnos
o alumnas que configuran esa imprecisa pero extensa categoría que
suele denominarse de
“fracaso escolar”. Podría ser la perspectiva de los alumnos
pertenecientes a los pueblos originarios
de América Latina. Como sabemos, en muchos países siguen
persistiendo altos porcentajes
de niños y niñas indígenas que sufren las consecuencias de la
exclusión, o experimentan
barreras al aprendizaje y la participación, debido a que la escuela
no tiene en cuenta su
propia cultura y lengua de origen. En está misma línea, guardando
las diferencias, podría haber sido
la perspectiva de los que son hijos de inmigrantes en países como
España, cuyo porcentaje se
ha elevado ya al 10% de la población escolar, tras una trepidante
escalada en los últimos 10 años. Nosotros,
por nuestra propia experiencia y conocimiento hemos privilegiado,
sobre todo, la de los alumnos
y alumnas con discapacidad y considerados generalmente como alumnado
con necesidades
educativas especiales. Pero lo hacemos no con la intención de
profundizar en el conocimiento
de esta realidad en si misma, sino porque creemos junto con otros
(Peter, Johnstone y
Ferguson, 2005), que comprender el significado de la discapacidad y
sus implicancias en nuestras sociedades
es una de las claves, una lente muy adecuada, para interpretar la
naturaleza de la relación
entre diversidad, diferencia y desigualdad, tanto en el plano social
como educativo (Echeita, Parrilla
y Carbonell, 2008).
“APA”:
Echeíta, G., & Duk Homad, C. (2008). Inclusión educativa.
REICE. Revista Electrónica Iberoamericana
sobre
Calidad, Eficacia y Cambio en Educación.


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